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[01] ''GRACIAS''


Un día de invierno, cuando era estudiante de primer curso en el instituto, vi a un chico de mi antigua escuela volver a casa. Su nombre era Kyle. Parecía que llevaba todos sus libros, a lo que me extrañé y solo pensé ''¿Porqué lleva todos sus libros un viernes? debe ser un empollón''.

Yo ya había planeado el fin de semana: fiesta y fútbol todo el día con mis amigos, así que me encogí de hombros y seguí mi camino, sin darle importancia a aquello. Mientras caminaba, vi a un grupo de chicos corriendo hacia el. Le empujaron y tiraron todos sus libros al suelo, y sus gafas salieron volando por lo menos tres metros de distancia. Ellos se fueron, y cuando Kyle se levantó vi una terrible tristeza en sus ojos. Corrí hacia el y mientras se arrastraba por la hierba buscando sus gafas vi un arañazo en su ojo derecho. Le acerqué sus gafas y le hablé.

— Esos tipos son unos idiotas. ¡No tienen porque hacerte esto!
— ¡Gracias, tío! — Me dijo con una gran sonrisa en su cara, una de esas sonrisas llenas de gratitud.

Le ayudé a recoger sus libros y le pregunté donde vivía. Resultó que vivía justo a mi lado, así que le pregunté como es que no lo había visto antes. Me dijo que había estado en un colegio privado hasta ahora. Lo único que podía pensar en ese momento era que nunca me había juntado con alguien de un colegio privado. Cogí la mitad de su montaña de libros y estuvimos hablando durante todo el camino a casa.
Resultó ser un buen chico, así que le pregunté si quería venir a jugar al fútbol conmigo y mis amigos el sábado. Dijo que sí.

Al final quedamos todo el fin de semana. Cuanto más conocía a Kyle, mejor me caía. A mis amigos les pasaba lo mismo. El lunes llegó y ahí estaba Kyle con su enorme montaña de libros. Le agarré del hombro y le frené.

— ¡Chico, te van a salir unos buenos músculos si cargas con estos libros cada día!—se rió y me pasó la mitad.

Durante los siguientes cuatro años, Kyle y yo nos volvimos inseparables, los mejores amigos. Cuando crecimos, empezamos a pensar en la universidad. El decidió ir a Georgetown, pero yo me decidí por Duke ya que mis notas eran inferiores. A pesar de eso, sabía perfectamente que seguiríamos siendo amigos. El quería ser médico, y yo iba a ir a Duke gracias a una beca de fútbol.

Kyle se registró en mi instituto al final, y resultó ser el mejor de nuestra clase. Yo le tomaba el pelo todo el tiempo por ser un empollón, aunque el sabía que lo hacía de broma, solo porque le quería.
Le asignaron dar el discurso de graduación. Recuerdo estar muy aliviado por no tener que hablar yo.
El día de la graduación vi a Kyle entre la multitud. Estaba genial. Era uno de esos tipos que cambiaron drásticamente durante la escuela. Había crecido y esas gafas le quedaban perfectas. ¡Hasta había tenido más citas que yo! ¡Las chicas lo adoraban! Señores.. a veces me pongo celoso. Me fijé en su rostro y lo notaba muy tenso y nervioso por el discurso. Le di una palmadita en la espalda y me miró.

— ¿Que pasa, tío? ¡Lo vas a hacer genial!
— ¡Gracias, tío! — exclamó, mientras me miraba con una de sus miradas, llenas de gratitud.

Cuando comenzó el discurso, se aclaró la garganta y empezó.

— La graduación es un momento para agradecer a aquellos que nos han ayudado en los momentos duros y por todo lo que han hecho por nosotros. Nuestros padres, nuestros maestros, nuestros hermanos, a lo mejor un entrenador.. pero, sobretodo, a los amigos. Hoy estoy aquí para contaros que ser amigo de alguien es el mejor regalo que podrías hacerle a alguien. Voy a contaros una historia. — yo miraba a mis amigos con incredulidad mientras el relataba el primer día que nos conocimos. Nos contó que planeaba suicidarse ese mismo fin de semana, aquel donde lo pasamos juntos. Habló de como tuvo que limpiar su casillero para que su madre no lo tuviera que hacer después y estaba llevando todas sus cosas a casa. Me miró fijamente y me sonrió. — Afortunadamente, me salvaron. Mi mejor amigo me salvó de hacer algo irremediable.—

Oí a la multitud comentando como aquel atractivo y popular chico nos contaba su momento de debilidad. Miré hacia atrás y vi a sus padres, sonriéndome con aquella sonrisa especial. No fue hasta ese momento en que me había dado cuenta de qué había hecho.
Subestimé el poder de mis acciones. Pero, con un pequeño gesto.. puedes cambiar la vida de una persona por completo.



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